San Juan de Gaztelugatxe

San_Juan_de_Gaztelugatxe (201508)

Hacía muchos años ya de la intención, soterrada, de visitar este precioso lugar.
Ganas no faltaban, porque se sabía de antemano y a ciencia cierta que la excursión merecía la pena, como así ha resultado, cuando por fin en este final de agosto, tan variable y tan extraño, hemos arribado a este precioso y significativo lugar de la más agreste costa vasca.
Lo cierto es que su cercanía, y también su cercanía a Bilbao, provocaban el retraso una y otra vez.

El lugar impresiona, en todos los sentidos, desde el más estricto físico, ya que supone un real esfuerzo no fácil para muchas personas (a través de la televisión pudimos ver un reportaje de las asistencias de emergencias con helicópteros que incluía un rescate a un varón en el Restaurante Eneperi, situado justo al inicio del camino que conduce a San Juan de Gaztelugatxe, tras haber sufrido un infarto de miocardio), hasta el emocional más puro, y no sólo en sentido religioso, que también para el que lo posea.

Se trata de un islote unido a la costa mediante un puente de piedra. Está situado a unos 9km de Bermeo y a unos 35km de Bilbao; que se convierten en unos 55km si quieres aprovechar para visitar Plentzia y Sopelana.

Constituye un biotopo protegido, desde la localidad de Bakio hasta el Cabo Matxitxako, célebre por ser el lugar más septentrional de España, por ser el protagonista de la novela El Cabo de las Tormentas de Pío Baroja, y, tristemente, de enfrentamientos navales en la Guerra Civil Española, y naufragios.

El recorrido es una V, mayúscula, entre el lugar donde está el Restaurante Eneperi, muy agradable y concurrido, donde también suelen celebrarse banquetes de boda, y la ermita dedicada a San Juan, que data del siglo X, aunque se han hallado enterramientos medievales del s.IX.
El descenso, de tierra, hasta el puente, es relativamente fácil, salvo un corto tramo que resulta complicado si ha llovido. Es conveniente tomarse el asunto con mucha calma, realmente requiere un esfuerzo físico a no desdeñar, un vía crucis en sentido literal.
En tanto la subida a la ermita desde el puente supone salvar 241 peldaños de una escalera en piedra pendiente en algunos puntos.

Llegar a la ermita, coronar la cima, produce una gran satisfacción, al comprobar que se ha podido culminar el recorrido, que el lugar merece la pena, y, sobre todo, que hay muchos esfuerzos y sentimientos encerrados en esta pequeña ermita: los que se realizaron en la construcción y posteriores reconstrucciones de la misma, tras reiterados incendios o tras el ataque del corsario Drake a finales del s.XVI; y los que, desde la gran galerna de 1912, la noche del 12 al 13 de agosto, en la que murieron 141-143 (no se ponen de acuerdo las crónicas) arrantzales de la zona (sobre todo de Bermeo, con 116 fallecidos, jóvenes de entre 18 y 30 años) a quienes sorprendió faenando a 45 millas del cabo Matxitxako; tragedia que ya había tenido un antecedente en abril de 1878, con 144 muertos.
Se cumple con la tradición de acercarse a la puerta de la ermita, tocar la campana tres veces tirando de la cuerda, y pedir un deseo, que bien puede ser que nunca se repitan catástrofes como aquéllas.

Si, además, tienes la fortuna de coincidir con un grupo de dantzaris, que te amenicen con txistus, tamboriles y aurreskus, la excursión resulta extraordinariamente satisfactoria y gratificante, amén de agria y triste por el recuerdo de los jóvenes arrantzales cobrados por las terribles galernas.

Coincidió, además, que estos jóvenes dantzaris (desciendientes de aquellos fallecidos que, seguro, también bailaban en su época) estaban de celebración privada, la cual incluía hacerse acompañar en la ascensión de un burro, negro, grande, sí de los de cuatro patas. Lo cual puede considerarse como un evitable daño al pobre burro y como un mérito del mismo por ser capaz de subir y bajar esta tremenda escalinata de piedra. Al final, bajo el puente, hicieron su correspondiente parrillada de carne, bien regada de caldos; suponemos que al burro le darían también la suya, su comida.

Conviene señalar que la mejor manera de acercarse a Gaztelugatxe es en bus desde Bermeo. Bizkaibus te transporta cada hora por un precio razonable (menos de 3€ por persona, ida y vuelta), dejándote a escasos metros del Restaurante Eneperi, inicio del recorrido. El párking de Gaztelugatxe y el del Eneperi son pequeños y sólo caben coches o autocaravanas pequeñas, y no muchos.

Puede dejarse el vehículo, sea cual sea, en el párking del cementerio de Bermeo, La Pérgola, cuyas coordenadas son: N 43º25’23” W 02º43’32”. Es mejor atravesar Bermeo y entrar por fuera, hacerlo por dentro del pueblo es complicado si vas con autocaravana relativamente larga.
El párking está bien, amplio aunque en relativa pendiente, y tiene para llenar agua y descargar las grises. Tiene también baño público, de agradecer si vas en camper o en coche. Además, es gratuito y está a 5′ del centro de Bermeo. Y, para mayor fortuna, hay una parada de bus a escasos metros del mismo para ir a Gaztelugatxe.

En Bermeo, donde casi nos sorprende (la esperábamos) una tremenda tormenta, merece la pena darse una vuelta por la parte vieja, aldezaharra, con su plaza principal, donde está el ayuntamiento (actualmente en reforma integral) y una magnífica iglesia con una portada de extraordinaria columnata, siguiendo hasta el puerto viejo, donde disfrutar de reconfortantes pintxos y txakoli, o lo que se quiera beber. En el camino entre el párking del cementerio y la parte vieja, puede admirarse el Portal de San Juan, que forma parte de la primitiva muralla, y la Torre de Ercilla, que alberga el Museo del Pescador.

Playa_de_Sopelana (201508)

La segunda visita de esta escapada ha sido más mundana y terrenal, mucho menos emotiva, pero también interesante y, desde luego atractiva.
La Playa de Sopelana, con su famoso Peñón, está a unos 35km de Gaztelugatxe, pasando por Plentzia, y a escasos 15km de la entrada de Bilbao.

Junto con la de Mundaka, son famosas entre los surfistas, con unas grandes, largas y continuadas olas, óptimas para el aprendizaje y la práctica de este deporte, y para nada adecuadas a la hora de darte un baño, sí para tomar el sol y/o pasear.
No siendo surfistas ni pudiendo darnos un baño, pudimos dar un largo paseo descalzos por esta agradable y (cabe suponer) volcánica playa, con una arena totalmente distinta a la habitual, y en un entorno de pequeños cortados que, con sus plegamientos, anticlinales y sinclinales, reflejan una actividad sísmica, corrimiento de fallas, remota que ha tenido sus importantes efectos en el lugar.

No faltan los bloques de apartamentos turísticos, impresionantes chalets, un cámping, un hotel, la escuela de surf, y los correspondientes chiringuitos, restaurantes y demás.
Hay un pequeño párking, de pago todos los días, donde las autocaravanas tienen difícil encontrar sitio, debiendo desplazarse unos cuantos metros hacia arriba, también en zona de OTA (alrededor de un euro por hora) todos los días.
Las coordenadas de este lugar son: N 43º23’25” W 02º59’29,5”

 

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