Périgord

Viaje en autocaravana por el Périgord en abril de 2014

Guía inicial del viaje: France Périgord 201404

Los lugares que hemos visitado en este viaje han sido,  y por este orden: Montfort, pueblo y camping base del viaje, La Roque Gageac, Sarlat, Beynac, Domme, Brantôme, Issigeac, y Bergerac, en El Périgord, y Saint Emilion, ya en La Gironde, cerca de Bordeaux.

Este ha sido nuestro segundo viaje  a La Dordogne, esta vez a la comarca del Périgord, tanto el Noir (por sus bosques profundos y trufas, de capital Sarlat), como el Blanc (por su suelo calcáreo, de capital Périgueux, también capital del Périgord en su totalidad), y el Purpre (por sus vinos, de capital Bergerac, la de Cyrano); existe también el Vert, pero no lo tocamos. Lo cierto es que la denominación Périgord es, sobre todo, turística, comercial, en tanto hace ya mucho que no existe como provincia. Además, incluía parte del actual departamento de La Dordogne y otros no incluidos. Hoy, ambas comarcas, físicas y turísticas, forman parte de la región de Aquitaine.

La citada guía inicial refleja las intenciones de partida y contiene información suficiente para desarrollar el viaje pretendido. No obstante, el devenir del mismo ha supuesto modificaciones sobre la idea de partida, forzosas unas e intencionadas las más. Así, no visitamos Périgueux, por grande, un poco caótica, y por dedicar un poco más de tiempo a Brantôme y poder disfrutar de Sarlat al atardecer. Tampoco fuimos a Monbazillac, cambiado sobre la marcha por Issigeac, más interesante y relevante, al menos a nuestro juicio. Si pudiera considerarse algo a faltar en este viaje, en nuestra opinión, sería dedicarle algo de tiempo a visitar las manifestaciones prehistóricas de Cromagnon, en particular todas las existentes en la zona de Les Eyzies.

Dicho todo lo anterior, queremos dejar constancia de que ha sido un viaje maravilloso, sin duda uno de los mejores que hemos hecho hasta ahora, y superando al anterior de La Dordogne. Es un viaje con charme, beaucoup de charme.

Este viaje nos ha dejado tocados: tocados anímicamente: nuestra ánima y nuestro ánimo se han quedado allí y se resisten a volver; tocados cerebralmente: nuestro cerebro pelea infructuosamente por traernos de vuelta a la vida ‘normal’ (!?, quién c.. quiere una vida normal?); tocados, enfin, en nuestro estómago, por las delicias culinarias disfrutadas, que han sido intensas.

Aunque todavía hay gente que lo discute, el alma, el cerebro, y el estómago, están directamente interconectados.

Todavía hoy, varios días después, no podemos quitarnos de la cabeza dos ruidos que nos han acompañado: el armonioso trinar de los pájaros en el camping durante todo el día, respetando curiosamente nuestro descanso nocturno (curiosamente porque la noche que dormimos en Saint Emilion no dejaron de darle al pico, nunca mejor dicho, claro que allí hay vino por doquier y aquellos debían haber salido de juerga), y el suave runrun del agua del río, noche incluida, camino hacia su destino.

Las estrellas de este segundo viaje a La Dordogne, o, si se prefiere, el primero al Périgord, han sido Sarlat, Bergerac, y Saint Emilion (aunque este último no forme parte ni de La Dordogne ni del Périgord, sino de Gironda, es decir zona Bordeaux), tres destinos que justifican perderse por aquí. Si les añades La Roque Gageac, Beynac, Domme, Brantôme, e Issigeac, consigues un voyage charmant.

Gastronómicamente hablando, las estrellas fueron el foie d’oie, la truffe noir, y el vin Saint Emilion, para morirse de gusto, literalmente.

El viaje puede hacerse en una semana completa, supone unos 1200-1400 km, dependiendo de rutas, y tiene un coste entre gasoil y peajes de unos 350€ aprox.

Montfort

El domingo 13/04/2014 salimos de casa con destino, vía Bordeaux, el Camping Soleil Plage (5*), www.soleilplage.fr, poseedor del Certificado de Excellence en TripAdvisor en 2013, recorriendo un total de unos 450 km, en unas 6h, la mayoría en vías rápidas, y los últimos kilómetros en carreteras comarcales; paramos a comer y estirar las piernas por el camino. Está a unos 2 km de Montfort, un pueblecito coqueto y encantador, con un castillo colgando del acantilado sobre el río Dordogne (ver fotos).

El camping lo habían abierto el día anterior y, aunque no era necesario, reservamos una parcela, del tipo ‘en bord de Dordogne’, vía email: info@soleilplage.fr

Nuestra intención era (se mantuvo) utilizar este camping como base, pernoctando en él todas las noches. Es, con gran probabilidad, el mejor camping en el que hemos estado: por ubicación, a la ribera del río Dordogne; por entorno, lleno de bosques, pueblos medievales, castillos, y el bello río Dordogne con su cauce poderoso y juguetón; por servicios, con internet libre y gratuito en todo el camping, juegos gratuitos, piscina climatizada, buenos y completos baños,  y unas parcelas amplias y sombreadas con todo lo necesario (agua limpia, salida de grises y luz); y, además, por profesionalidad y amabilidad de sus dueños y empleados. El camping no es barato, nada lo es: en  temporada baja, desde 22€/noche en adelante (las parcelas ‘en bord de Dordogne’ cuestan 32€/noche, pero merece la pena, ver en las fotos; con camping cheque sale por un ticket más 9€/noche, es decir unos 25€/noche).

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RoqueGageac

Camino del camping, en el viaje de ida, tras un recodo, descubrimos este precioso pueblo al abrigo de una montaña, que les he dado cobijo y muchos problemas (en enero de 1957, se desprendió un bloque de roca de 5000m3, destruyendo varias casas y causando la muerte de 3 personas) a lo largo de los años, y todo él a la orilla del Dordogne. Si entras desde Beynac, dejando el río a la derecha, a la salida del pueblo a la derecha hay un parking cómodo y suficiente, también para autocaravanas: 44,82506º N, 01,18431º E. Si entras dejando el río a tu izquierda, el párking está justo en la entrada a la izquierda. Al pasar nos quedamos con ganas de parar, pero nos aguantamos sabiendo que estaba previsto venir a visitarlo.

Así lo hicimos, disfrutando de sus calles, de sus tienditas, de la terraza de uno de sus principales restaurantes, y, para poner la guinda, de un encantador y placentero recorrido en gabarra por el Dordogne, durante una hora (8€/pax, creo recordar, incluyendo audioguía), www.norbert.fr, gabares-norbert@norbert.fr

Navegando por el Dordogne en estas réplicas de naves antiguas, las gabarras, te vas enterando del origen de las mismas, de su utilización en el comercio, de las invasiones vikingas, de las disputas entre ingleses y franceses, de sus momentos de brillantez y también de los de oscuridad y ocaso. Este viaje en barco es una gozada, una más de las muchas que disfrutaremos. Las vistas desde la gabarra de La Roque Gageac, del fuerte troglodita en el acantilado, testigo de haber estado habitado desde la prehistoria, del palacete de Tarde envuelto en la hiedra, de sus casitas perfectamente alineadas, también de la huella de las destruídas por los desprendimientos, de su castillo, de sus leproserías disuasorias a la entrada, y, más adelante, de la rica fauna existente, y, al final, del impresionante Castillo de Castelnaud, donde se alberga un importante museo de armas medievales, son un regalo para los ávidos ojos. El viaje es pausado, calmo, y el tripulante tiene el detalle y consideración de cruzar un par de veces la gabarra en perpendicular al curso del río para que todos los pasajeros podamos tener la perspectiva adecuada y deseada para conseguir buenas fotografías.

Como no podía ser menos, La Roque Gageac es uno de los pueblos más bellos de Francia: www.les-plus-beaux-villages-de-france.org/fr

Jean Tarde, nacido a mediados del siglo XVI, es el personaje más relevante de la historia de La Roque Gageac, siendo sus crónicas la base de la historia medieval del pueblo. Astrónomo, matemático, arqueólogo, e historiador, amigo de Galileo, con quien compartió las iras de la Inquisición por mantener que la Tierra y demás astros giraban alrededor del Sol, y no alrededor de la Tierra, debiendo retractarse ambos para evitar la purificadora hoguera.

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 Sarlat

Sarlat ha sido uno de los tres descubrimientos estelares de este viaje. La capital del Périgord Noir es una ciudad encantadora, catalogada como medieval ofrece a los visitantes pintorescas callejuelas, placitas coquetas, palacios góticos y renacentistas, casas señoriales, e infinidad infinita, valga la redundancia, de comercios atestados de foie, trufas, vino y aceite de nuez, amén de innumerables restaurantes con sus terrazas.

Hay foie de canard (pato) o de oie (oca), enteros, en trozos, en paté, trufados en diferentes proporciones o no, los precios varían muchísimo. El comercio que más nos convenció, tras recorrer un ciento de ellos, fue Cellier du Périgord, www.foie-gras-sarlat.com, cellierduperigord@gmail.com, además puedes solicitarles que te manden catálogos a lo largo del año, y hacerles pedidos por internet. Está en un recodo de la plaza principal, donde está el ayuntamiento. Debe ser una franquicia, porque lo vimos también en la bastida de Domme. Tratando de evitar ser pesado en esta culinaria cuestión, sólo decir que el ‘bloc de foie gras d’oie du Périgord truffé 5%’ es demasiaaaaadooooo, a unos 17€ los 100gr; los enteros salen a unos 25€ los mismos 100gr. Comprarlo sin trufar tiene dos riesgos: las trufas valen un huevo y la yema del otro, unos 200€ los 100gr, y hay que rallarlas para añadirlas al foie.

El vino lo dejamos para el Périgord Purpre, Bergerac con sus tintos y Monbazillac (al que finalmente no llegamos a ir) con sus blancos. Si no puedes pasar o no vas a ir a la zona de Bergerac, tienes la opción de visitar una muy buena tienda de vinos y licores (compramos un liqueur a l’armagnac et a l’orange) en la Place Pasteur, detrás de Correos, de un marchand de vin de nombre Julien de Savignac: www.julien-de-savignac.com, julien.de.savignac@wanadoo.fr

Lo del aceite es otro cantar. Estamos en la comarca de la nuez, y la gran mayoría de aceites son, obviamente, de nuez. Acostumbrados al paladar de la oliva, la nuez resulta muy particular y no es fácil que te guste. Existe un ‘huile d’olive arôme truffe noire’ que es un pecado, y que pasa a ser pecado mortal cuando lo extiendes sobre una rebanada de pan tostado (en esta zona hay muy buen pan, sobre todo los de cereales) y le añades foie d’oie truffé o sin trufar con unas virutas de trufa negra, y otras de sal trufada, ya no te digo nada si lo acompañas con un buen blanco muy frío. Lo confieso padre, he pecado. Y no me arrepiento, es más, lo volveré a hacer. Este aceite en cuestión, lo habíamos localizado en el viaje anterior a La Dordogne, en la encantadora tienda de delicatessen de Martel. El problema fue que allí pagamos unos 8€ por la botella de 20cl, y en Sarlat sólo lo encontramos en una tienda, muy maja eso sí,  pero casi al doble de precio. Incluso llegamos a considerar desplazarnos hasta Martel (algo más de 40km, pero más de 2h entre ida y vuelta), al final claudicamos y cogimos la botellita.

Todos los sábados hay mercado, impresionante. Apenas puedes pasear por la calle y puedes tardar horas en recorrer unos pocos metros, por la gente, por los puestos, y, sobre todo, por los productos expuestos.

Sarlat es famosa también por sus escenificaciones teatrales en sus propias calles y plazas, y se han rodado escenas de películas conocidas. Es el lugar más visitado de La Dordogne. Recorriéndola, de día y de noche, se entiende por qué. Ha tenido influencia en ello que un hijo ilustre de esta ciudad, André Malraux, fuera ministro de cultura en Francia a mediados del siglo pasado. Otro personaje célebre fue Etienne de la Boitie, estadista y escritor del XVI, del que puede admirarse su casa natal justo al lado de la Catedral de Saint Sacerdos, en la calleja llamada Rue de La Liberté, que lleva directamente a la plaza principal, llamada Place de la Liberté.

Sarlat tiene dos inconvenientes: es caro, por ejemplo una caña de cerveza en una terraza de la citada plaza principal cuesta 5€; no es fácil aparcar un coche cerca de la ciudad medieval, siendo imposible para una autocaravana, debiendo irte hasta un párking en la Avenue du General de Gaulle, pequeño, de pago, en cuesta, y pegado al cementerio, a unos 15′ andando del centro medieval, o buscarte la vida por otra zona de fuera acercándote luego con el bus municipal Sarlatbus.

Enfin, vinimos tres veces a Sarlat en estos días. Y, sin duda, volveremos más adelante. El camping elegido como base fue un acierto en si mismo y también por su cercanía a Sarlat (algo menos de 10 km).

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Beynac

A sólo 5′ por carretera de La Roque Gageac, nos encontramos con otro hermoso pueblo medieval, Beynac, que también es uno de los pueblos más bellos de Francia: www.les-plus-beaux-villages-de-france.org/fr

Beynac estuvo habitado desde la Edad de Bronce, 2000 a.C., como lo atestigua su importante Parque Arqueológico, situado a las afueras del pueblo medieval, camino del castillo. Éste, de propiedad privada, es probablemente el mejor referente visitable existente en la comarca.  Fue frontera entre Inglaterra y Francia, toda vez que el vecino Castillo de Castelnaud estaba en manos inglesas en la Guerra de los Cien Años. Como tal constituía una fundamental atalaya vigilante del comercio por el río Dordogne. Basta ver las impresionantes vistas desde el castillo.

Para llegar al castillo, hay un acceso en la mitad del pueblo, en la carretera que lo atraviesa, con una cuesta algo complicada en su inicio, y, tras unos cuantos km, varios párking pegados al castillo, pero no fáciles para una autocaravana. Se puede aparcar a la entrada del pueblo, GPS 44,84467º N, 01,14561º E, y luego subir cuestas hasta el castillo.

Al igual que en La Roque Gageac, en Beynac también se pueden hacer recorridos en gabarra por el Dordogne: www.gabarre-beynac.com, GPS 44º 50′ 23,84″ N, 01º 08′ 28,41″ E, con el mismo coste, 8€/pax, y saliendo también cada hora.

No nos quedamos a ver el pueblo, la bajada de regreso por el otro lado es complicada para una autocaravana, y muy estrecha justo al acceder de nuevo a la carretera, pasamos muy justo, y, un poco impresionados por dicha justeza y por la grandeza del castillo visitado, seguimos camino hacia la bastida de Domme.

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 Domme

Domme, situada a unos 20′ al sur de Sarlat, y a unos 15′ de Montfort, donde está nuestro camping, es una antigua bastida, ciudad militar, edificada con este fin defensivo en un acantilado, que se diferencia de las demás (son unas cuantas en la zona, como Monpazier) en no responder al habitual diseño rectilíneo en cuadrícula, dada la particular orografía del terreno, y a disponer, en su tiempo, de autoridad para acuñar y utilizar su propia moneda, por el difícil acceso a la misma.

Tuvo una azarosa existencia, siendo escenario permanente de luchas durante la Guerra de los Cien Años, y, posteriormente, durante la guerra de religiones entre católicos y hugonotes.

Además de la bastida en sí misma, y de la Iglesia de Notre Dame, amén de las espectaculares vistas desde allí del Valle de la Dordogne, y, sobre todo, el importante sistema de grutas existente bajo la bastida, la referencia histórica por antonomasia, en nuestra opinión, reside en su Porte des Tours, puerta de acceso a la bastida que consta de dos torres, una a cada lado del arco de entrada, utilizadas en su tiempo como prisión de caballeros Templarios, quienes, en su desesperación, o lucidez, grabaron sobre la piedra determinados y enigmáticos grafitis, todavía hoy indescifrados.

Esta bastida medieval está incluida en los pueblos más  bellos de Francia: www.les-plus-beaux-villages-de-france.org/fr

Hay una carretera, corta, de acceso para coches, y otra, larga, para autocaravanas y vehículos pesados. Ambas confluyen en los varios párkings existentes a unos 2 km de la citada puerta de las torres, cuya anchura no permite el acceso de autocaravanas; el párking más alejado y escondido es el de autocaravanas.

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Brantôme

Conocida como la ‘Venecia del Périgord’, Brantôme está a una hora y media de camino al norte de Sarlat, más allá de Périgueux, capital del Périgord Blanc y del Périgord en su totalidad.

Equipararla con Venecia es, sin duda, exagerado. Y no sólo es una cuestión de tamaño.

Brantôme es un lugar delicioso. Atravesado por un canal que, surcado por pequeñas barcas de turistas, ofrece refugio a familias de incansables patos que retozan en sus orillas. Recorrer sus preciosas riberas, deteniéndose, sin prisa, a observar los juguetones patos, o dejarse caer sobre la hierba en su gran pradera, disfrutando del sol entre los inacabables árboles, imaginándote que subes por ellos como en el cuento, proporciona un gran bienestar, una gran paz y sosiego. A ambos lados del canal, acogedores, se disponen restaurantes con sus terrazas, donde comer o tomar un refrigerio. El existente junto al puente peatonal, el del molino, es especialmente agradable, con una envidiable situación y entorno. También pueden disfrutarse varias tiendas excavadas en la roca, de vinos y otros productos.

Hay un gran párking, y un área de autocaravanas, a la izquierda justo antes de entrar en el puente que da acceso al centro del pueblo.

Destaca sobremanera, ya en la distancia, la Abadía benedictina de Saint Pierre, y, a su lado, la Iglesia de Notre Dame, con su parcialmente destruido claustro. Entre el puente peatonal y la abadía, se puede ver el Jardín de los Monjes y, embutida en la roca, la cueva donde se ubicaron inicialmente los benedictinos.

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Issigeac

En medio de ninguna parte, aunque estamos a escasos 20 km, unos 20′, de Bergerac, nos encontramos con este hermoso pueblito medieval, de calles estrechas y serpentantes, atestado de antiguas casas de entramado de madera y piedra, los menos pero de familias más pudientes, o de madera y argamasa, los más abundantes y populares, o de madera y ladrillos, evolución en el tiempo de los anteriores.

Destacan la Iglesia de Saint Felicien y el Castillo, residencia de verano de los obispos de Sarlat.

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y seguimos camino, destino Bergerac, vamos en busca de Baco

Bergerac

Tras unos cuantos kilómetros recorridos, volvemos a encontrarnos con nuestro fiel compañero de viaje, verdadero hilo conductor de esta inolvidable escapada: el río Dordoña.

Las mismas aguas que bañaron a nuestro amigo el cocodrilo, en el recordado y estupendo camping de Montfort, bañan esta agradable y tranquila ciudad de Bergerac, cuna del altivo Cyrano, a quien veremos inmortalizado en sus preciosas plazas.

Estamos en la capital del Périgord Pourpre, por sus viñedos, por sus vinos. Y, mira tu por donde, tras saludar a nuestro río Dordogne, entramos en la ‘ciudad vieja’ por donde está la Casa de los Vinos, en el religioso Claustro de Recoletas, y, curiosamente, por la calle donde se ubica el Restaurante Euskadi. Cómo no!

Vascos, gallegos y japoneses, inundan el mundo, con gran generosidad. Cómo no iban a estar presentes en una de las principales regiones vitivinícolas de la France, y con un restaurante claro.

En la primera plaza que nos encontramos, preciosa, florida, típica, nos recibe con altanería Cyrano, en piedra. Hay varios hotelitos muy coquetos, presumidos. Volvemos a ver la antigua y típica construcción de entramados de madera.

En la segunda, la famosa Pelissière, asimismo florida, con sus agradables terrazas, también nos recibe un modernizado y turístico Cyrano, justo al lado de la Iglesia de Saint Jacques, antiguo centro de acogida del Camino de Santiago, de acuerdo con su nombre.

Y por fin, ya en los límites de esta acogedora ciudad vieja de Bergerac, llegamos a otras modernas, funcionales y amplias plazas, con sus fuentes, sus comercios, y la bonita Iglesia de Notre Dame.

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Abandonamos Bergerac, y sus vinos.

Nos dirigimos al sancta sanctorum vinícola de Bordeaux: Saint Emilion

Saint Emilion

Hemos llegado, por fin, a los dominios de Baco.

De joven, en las fiestas, cantábamos aquello del borracho que quería ser «…enterrado en una bodega al pie de una cuba con un grano de uva en el paladar…» De haber conocido Saint Emilion, nuestro borracho, y luego los jovenzanos en fiestas, hubiéramos pedido que dicha bodega fuera una de este arrebatador pueblo bordolés.

He repetido varias veces que este viaje ha tenido beaucoup de charme. No hubiera encontrado mejor guinda a este delicioso pastel que Saint Emilion: encantador, arrebatador, acogedor, se respira clase y encanto en cada rincón.

La mayoría, no todas, de sus tiendas de vinos, de sus Marchand de Vins, parecen más joyerías de lujo parisinas, incluyendo cámaras de videovigilancia. Da ‘miedo’ entrar, incluso antes de saber los precios de los vinos y sus accesorios, y una vez dentro, ni te cuento. Hay decantadores que son auténticas obras de arte, y, desde luego, un recreo para la vista.

Lo de Saint Emilion y el vino viene de lejos. Tan lejos como del siglo II a de C., cuando los romanos plantaron viñedos aquí. Las variedades cultivadas son merlot y cabernet franc (no sauvignon).

Saint Emilion, que junto con Médoc, Graves y Pomerol, constituyen las principales zonas vitivinícolas de Bordeaux, tiene dos vinos clasificados como Premiers Grands Crus Classes A: Château Ausone y Château Cheval Blanc. Tiene 13 en Classes B, y 47 en Classes C.

Más adelante, en las fotos, pueden verse listados de p.v.p. de varios vinos de alta gama. A destacar tres vinos de 1945: un Cheval de 6431€, y un Mouton y un Petrus, ambos de 12000€.

Así, mi conciencia quedó bien parada cuando compré tres botellas de grand cru de 2001 por un total aproximado del 1% del Petrus.

Por otra parte, de todos es sabido la buena relación existente entre los monjes y el vino. Así, el monje Emilion se estableció aquí en una cueva y dio nombre a un lugar con más de 70 hectáreas de galerías subterráneas excavadas en la roca.

Saint Emilion es, prácticamente, un pueblo peatonalizado, debiendo aparcar de manera poco adecuada a lo largo de la carretera de acceso.

Merece la pena el esfuerzo y el incordio: disfrutar de sus callejuelas y plazas, de sus terrazas, de la Colegiata de Saint Emilion y de su Iglesia Rupestre, y de sus lujosas tiendas de vino, tiene su precio, en todos los sentidos (y nunca mejor dicho).

Su consideración de Patrimonio de la Humanidad es más que merecida.

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