Bretagne

BRETAGNE
Abril 2015

El domingo 5 de abril, por la tarde, partimos desde Donostia con la intención de conocer en la medida de lo posible la atractiva, interesante, y romántica Bretagne en el noroeste de Francia.
Disponemos de una semana, seguro escasa, para impregnarnos de todo aquello que seamos capaces de asimilar de esta preciosa y singular región.
En principio, seguro que modificable en su momento, visitaremos Vannes, Rochefort en Terre, Josselin, Pont Aven, Concarneau, Kercanic, Kerascoët, Locronan, Brest, Erquy, Dinard, Saint Malo, Dinan, Cancale, Mont Saint Michel, y Fougères.

recorrido previsto inicialmente

Para una semana son demasiados sitios, así que algunos quedarán inadvertidos, y es posible que el devenir del recorrido incorpore algún otro no contemplado inicialmente.
Una adecuada mezcolanza de historia y actualidad, de pasado y presente, de mar y montaña, sobre todo de mar, porque Bretagne respira mar por los cuatro costados, y también historia celta y bretona, todo ello apasionante.
En cada noche, está prevista la posibilidad de pernoctar en camping, sea de la red ACSI sea de la de Camping Cheque, disponemos de ambas.
No obstante, siempre que sea posible, utilizaremos áreas de servicio para autocaravanas, ya que en este tipo de viaje, en que no permaneceremos mucho tiempo en un sitio concreto, aconseja más este recurso.

Antes de iniciar este “viaje”, resultarán oportunos unos comentarios a modo de introducción:
El origen pretérito de Bretaña reside en Armórica (país frente al mar), región que comprendía la actual Bretaña, parte del Departamento del País del Loira y el litoral de Normandía.
Se tienen referencias de Armórica desde los años 50 a.C., a partir de sus relaciones comerciales con Britania (Gran Bretaña actual) y con Roma, quien invadió la Galia y posteriormente también Britania por el apoyo de los celtas bretones a los armoricanos que resistieron la invasión. Los armoricanos no eran galos ni considerados como tales.
Este es el argumento de las historias de Astérix, en su tierra de Armórica. Hay quién sitúa su aldea en la actual Erquy, que visitaremos.
También hay quien sitúa en Armórica, aunque siglos después (s.VII), al Rey Arturo, con sus Caballeros de la Tabla Redonda.
En el s.V, Armórica se rebela contra Roma, y a partir de ahí (y hasta el s.VII) comienza una “invasión” de celtas bretones, procedentes de la actual Cornualles y del actual País de Gales, que huyen del asedio que padecen tanto de anglos como de sajones.
En estos siglos sufrieron invasiones de godos y francos, sublevándose una y mil veces, la última a finales del s.VIII independizándose de los francos, más en concreto del Emperador Carlomagno, y fundando el Reino de Bretaña.
En los s.IX y X, los vikingos se establecen en la zona de la actual Normandía, y Armórica queda reducida a Bretaña y parte del País del Loira, que todavía hoy es reclamado como integrante de Bretaña por el nacionalismo bretón.
A partir del s.X, el poder franco y la beligerancia bretona convirtieron el Reino de Bretaña en el Ducado de Bretaña, cuasi independiente bajo la soberanía francesa, como solución intermedia admitida por las partes.
Finalmente, en 1532, se produce la anexión definitiva a Francia.

El bretón como lengua procede del celta británico, siendo la única lengua celta que ha sobrevivido fuera de las Islas Británicas. Con el paso del tiempo, recibió muchas influencias del francés, hasta llegar a la situación actual de defensa y resurgimiento, gracias al carácter independiente y beligerante de los bretones existente en sus genes a lo largo de los siglos.
Los bretones como pueblo tienen similitudes obvias a los escoceses, pero con la diferencia de que éstos no tuvieron que abandonar su patria original.

Nos ponemos en marcha:

2015/04/05
Salimos tarde porque la actualización del Garmin resultó errónea, de tal manera que no funcionaba, esperamos poder arreglar este problema serio a la vuelta.
Así que hubimos de recuperar e instalar el sygic del iphone, sólo de Francia, porque si no el móvil estaría saturado y daría problemas de otro tipo.
Armados de paciencia por los obstáculos de partida, conseguimos llegar hasta Niort, donde pernoctamos en un área de la autopista, de las que tienen de todo, bien preparadas con todo lo necesario, que las hay y muchas en Francia, en las autopistas.

2015/04/06
Tras una plácida noche y un restaurador desayuno en el área de la autopista, salimos hacia el norte con dirección a Concarneau, dando antes un rodeo que nos lleva primero a Vannes, luego a Rochefort en Terre, y pasando de largo en Pont Aven, sin parar, después de prescindir de Josselin, alcanzamos por fin Concarneau, donde, tras un frustrado desplazamiento a un camping de un pueblo cercano, en el que no parecía haber persona alguna, pernoctamos en el área de una estación de tren en desuso, en la Avenida de la Gare, a unos 5′ del centro andando, donde ya había unas cuantas autocaravanas descansando.
Así pues, los lugares visitados hoy, tras descartar Pont Aven (por culpa de unas obras en el lugar) y Josselin (por falta de tiempo), han sido Vannes y Rochefort en Terre.

Y los que visitaremos a lo largo de este viaje, tras varios cambios, serán los siguientes (y por este orden):

Vannes, Rochefort en Terre, Concarneau, Point du Raz, Brest, Méneham, Erquy, Saint Malo, Cancale, Mont Saint Michel y Fougères

Vannes (201504)

Vannes, donde aparcamos en un párking cerca del puerto, gratuito por festivo, frente a la muralla de la ciudad vieja, nos recibe con una reconfortante imagen de los jardines, que engalanan los imponentes muros, regados con un agradable riachuelo que da sentido a unos antiguos lavaderos en su orilla. Completan la florida acogida una reventona hilera de almendros en flor.
Tras un pequeño recorrido por el quartier medieval, con sus típicas casas ensambladas, nos dirijimos a la parte vieja, entrando por un pétreo portal, paseando por sus estrechas y empedradas calles, sin dejar de visitar la catedral, con sus preciosas vidrieras y su gran órgano.
Camino adelante, desembocamos en otro portal, por el que salimos, deslumbrados, a la animada plaza del puerto, ahíta de embarcaciones de recreo en la ría, de motos y coches en el gran párking, y gente por doquier en sus agradables y animadas terrazas.
Rodeando por fuera la muralla, volvimos al párking para seguir viaje, con una agradable sensación dejada por la animada zona del puerto.

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Rochefort_en_Terre

Rochefort en Terre, es un tranquilo, agradable y florido pueblecito, con una preciosa placita donde los turistas se solazan en un día luminoso de primavera tras pasear despacio por sus callejuelas.
Disfrutamos de su pequeña y original, amén de antigua, iglesia, y después de unas deliciosas y variadas pastas de te adquiridas en una encantadora tienda que, suponemos, fue en su día un bastante lujoso restaurante.
Ayer, en Vannes, ya pudimos conocer y disfrutar otra delicia bretona: el far.
Como interés turístico, Rochefort tiene un castillo, medio en ruinas, con unas edificaciones anexas agradables, que fue adquirido tiempo ha por unos pintores americanos. Posee una ermita antigua muy interesante.
Aparcar la autocaravana en la entrada de este pueblo no ha sido sencillo, por las estrechas cuestas, pero al menos nos hemos acercado mucho evitando andar más de la cuenta.

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Y volvemos hacia Concarneau.

2015/04/07
En el área de la antigua estación de Concarneau, hacemos el necesario mantenimiento de vaciados de la autocaravana, una vez desayunado adecuadamente. La pernocta en este párking cuesta 4€. Anoche no vimos el poste de los tickets, pero esta mañana si y lo sacamos. Al final, no pernoctaremos otra noche y se lo regalamos a una familia de Escoriaza que llegan, con una autocaravana decorada abundantemente con motivos indios y con cuatro niños pequeños, al área un poco antes de nuestra partida. Es la segunda familia española que vemos, no se ven por aquí.

Concarneau

Concarneau nos recibe en una preciosa y fresca mañana, que iniciamos con un recorrido turístico en el Celtic Train (6€/pax) por esta bonita ciudad volcada al mar, con preciosas y salvajes playas a su alrededor, y con una sorprendente Ville Close que, andando esta vez, nos hizo pasar un placentero rato entre sus tiendas, donde compramos un jersey (los días son luminosos y soleados pero bastante frescos) y un chubasquero marinero (aunque el sol brilla un día y otro), y en sus terrazas, en una de las cuales saboreamos una estupenda sidra bretona, muy rica.
La Ville Close ha sido un encantador y sorprendente descubrimiento. Esta pequeña ciudad amurallada, ubicada en la totalidad de una isla, fue un recinto militar defensivo. Hoy es lugar de esparcimiento agradable lleno de tiendas, bares y terrazas, amén de un museo del mar.

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Repitiendo el corto paseo andando hasta el área, continuamos el viaje.
Un viaje que nos llevará hasta Brest, prescindiendo de los antiguos y típicos pueblecitos bretones de Kercanic y Kerascoët, que dejaremos para un próximo viaje, pero que, tras Brest, los sustituiremos por otro no menos típico: Méneham.

No obstante, no dejamos pasar la ocasión de acercarnos a la

Pointe_du_Raz

Pointe du Raz es el cabo bretón más occidental de Francia y uno de los más accidentados. Todo el entorno es muy similar a Finisterre en Galicia, de hecho se denomina igual. Es una zona muy agreste con unas espectaculares vistas al abierto Canal de la Mancha. Tras un paseo de algo más de media hora por senderos habilitados, habiendo dejado la autocaravana en un párking anexo de pago (que no nos cobran por no haber nadie en la cabina y tener la barrera levantada), disfrutamos de unos paisajes excepcionales, así como de una escultura de la Virgen de los Náufragos y de un faro con rádar de unas instalaciones militares.

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Seguimos viaje a Brest.
Inicialmente, teníamos previsto pernoctar en un camping del extrarradio de Brest, o bien en otro en la zona de Crozon al otro lado de la bahía, pero llegamos muy tarde, estaba todo apagado y no pudimos localizar a guarda o responsable alguno, así que volvimos a atravesar Brest de lado a lado y nos dirijimos a una zona estupenda en el Port de Plaissance du Moulin Blanc, zona deportiva, con playa, puerto marítimo, oceanográfico, y variadas actividades deportivas de agua.
Aparcamos frente al puerto deportivo con unas buenas vistas a infinidad de embarcaciones de recreo y nos dispusimos a pernoctar tras una reconfortante cena.

2015/04/08

Brest

Brest, capital de Bretagne, donde una anaranjada y casi llena luna nos ha acompañado toda la noche, atravesando por momentos su luz los mástiles desnudos de las embarcaciones deportivas.
Sabíamos que en las proximidades de este párking había un lugar donde poder realizar el mantenimiento de vaciados correspondiente, y lo encontramos: un poste escondido en la tapada trasera de un párking de coches, donde podías llenar agua, con una lentitud pasmosa, y vaciar el wc, pero las aguas grises se despositaban, según me explicó un francés que lo hizo previo a mi, directamente en el suelo, tal cual; cosa que no hicimos por improcedente.
Una vez hecho el mantenimiento, parcial en este caso por lo comentado, y una vez decidido desplazarnos al centro de Brest en autobús desde una parada distante unos metros de donde estábamos, nos movimos al párking de camping car del Oceanópolis, lugar que atrae permanentemente muchos visitantes, a juzgar por la cantidad de plazas disponibles.

La línea urbana 3 hace el recorrido desde Oceanópolis al centro (y sigue) de Brest con una periodicidad corta, en determinadas horas cada 10′, y con un rango horario elevado, hasta medianoche, así que es ideal para nuestro interés.

Descendemos en la Place de la Liberté y nos acercamos a recibir información en la oficina de turismo.
Las principales referencias que nos indicaron y tuvimos en cuenta fueron:
Castillo de Brest, de uso militar actual y albergando el Museo de la Marina.
Tour Tanguy, redonda y antigua, torre vigía de la bahía.
Ciudad Vieja, referencia de cómo era Brest antes de la guerra, y, en concreto,
Rue Saint Malo, que en unos pocos metros expone las casas más antiguas de la ciudad, dignas de ver, aunque llegar allí suponga vencer las cuestas de la Rue Vauban.
El recorrido desde el Ayuntamiento, Ti Ker en bretón, Place de la Liberté, Rue de Siam, Pont de Recouvrance, desde el que admirar el Castillo y la Tour Tanguy, por momentos acompañados nuestros pasos de los eficientes y modernos tranvías de la ciudad, hasta la ciudad vieja es un verdadero placer, flanqueados por infinidad de comercios, restaurantes y terrazas, en una de las que nos tomamos un descanso y comimos.
Cogimos el tranvía hasta la Place de la Liberté y desde allí la línea 3 de bus hasta Oceanópolis, para seguir viaje.
Brest es moderna y funcional, y con una industria comercial pesquera muy importante. Queda un poco lejos de la Bretaña Romántica.

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En la oficina de turismo nos habían dado una revista de Brest y proximidades, donde pudimos conocer la existencia de un poblado antiguo de casas con techo de paja construidas entre las rocas, llamado Méneham o Ménez Ham.
Parecía la oportunidad ineludible de resarcirnos de no haber visitado Kercanic y Kerascoët, poblados antiguos con techos de paja congelados en el pasado, y hacia allí nos dirijimos. Además, está ubicado de alguna manera en dirección a Morlaix, aunque con un importante desvío, que es hacia donde tenemos pensado ir mañana.

Méneham

Méneham encanta, directamente, embriagan sus casitas y embriaga el entorno donde se ubica, entre rocas, y al abrigo de un cúmulo rocoso que le protege del viento y del mar próximo.
Un mar de verdes y azules intensos, de playas muy blancas, mar abierto y rocoso, impresionante.
Grabamos un video que nos ayude a conservar lo que sentimos en este hermoso lugar, confiando en que nuestra propia memoria guarde las especiales sensaciones que nos llevamos.

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Seguimos viaje hacia Morlaix, donde pernoctaremos en un área que hay en la Rue de Brest, junto al río, próxima al Hospital.

2015/04/09
El área es compartida con todo tipo de vehículos, pero las pocas plazas reservadas a camping car están pegadas al río y cerca de todo lo necesario para el mantenimiento, incluyendo desagüe de aguas grises.
Tras una noche plácida con sólo otra autocaravana por compañía, partimos hacia Erquy.

Erquy

Erquy es un lugar paradisíaco, conocido por ser la cuna de Astérix y Obélix, de Uderzo, y por sus famosas huîtres naturales locales.
El lugar es un verdadero goce para los sentidos, unas largas y blancas playas, en las que se practica el car-vela desde muy niños como pudimos ver.
Todo rezuma tranquilidad y placer, el tiempo parece deternerse.
Las vistas desde el área de camping car son magníficas, pudiendo llegar al pueblo atravesando andando las playas, aunque uno de los tramos es pedregoso.

Finalmente, fuimos hasta el pueblo con la autocaravana, aparcando normalmente como si de un coche se tratara, ventaja que se tiene con una autocaravana que no sea grande.
La calle que discurre paralela al mar es animada, con restaurantes y terrazas agradables que ofrecen unas vistas inigualables de la bahía y sus playas.
Una de las, poderosas, razones por las que hemos llegado hasta aquí son las ostras; amén de tener debilidad por las aventuras de Astérix y Obélix.
Las huîtres de Erquy tienen fama mundial, y merecida.
Paseando sin prisa observando de reojo las terrazas, decidimos sentarnos en la de La table de Jeanne, acogedora, agradable y con un esmerado servicio.
Llegamos un poco tarde, unos minutos después de las dos de la tarde, horror!, la cuisine est fermée. Cada vez que escuchamos esa frase en Francia entran ganas de no dar de comer en España a francés alguno que se aventure por nuestros restaurantes y tabernas después de las dos y después de las ocho de la tarde.
Afortunadamente, nuestro objetivo eran las ostras, les fruits du mer, y no la cocina, que para cocina la nuestra, la española en general y la del norte en particular. Así que pas probléme.
Nos endilgamos una docena de ostras locales de morirse, riquísimas, de buen calibre y presentadas abiertas y con limón y una salsa de fuerte sabor que apenas utilizamos. Además, a mucho mejor precio del habitual en España para esa calidad: apenas 18€ la docena.
Para quitar el malísimo sabor (es broma claro) de las ostras, degustamos las noix de Saint Jacques, las equivalentes a nuestras vieiras, en dos diferentes presentaciones, ambas deliciosas: con una crema y sobre un puré de patata con mantequilla.
Regamos todo con un chardonnay y acabamos con un tiramisú, y pagando claro.
Hicimos el muy corto desplazamiento de vuelta al área y gozamos de nuestra inimitable siesta nacional.
El resto de la tarde lo dedicamos a relajarnos en las hamacas disfrutando del sol y de las vistas, amén de discutir con un francés que, recién llegado al área, quiso colocarse en una plaza que nosotros habíamos pillado inmediatamente que fue dejada por su anterior inquilino, por sus vistas.
Nos cenamos un buen salmón (traído de casa) con verduritas y un rato después a planchar la oreja, las dos porque tanto trajín agota.
La sensación es de haber ‘descubierto’ un lugar al que volver, Erquy y su área lo merece.

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2015/04/10
El objetivo para hoy era Dinard, Saint Malo y Dinan, para acabar en un camping situado en Chapelle aux Filtzméens, llamado Domaine du Logis (5*) ubicado en un castillo del s.XV.
Teníamos la opción de pernoctar en Cancale, si este pueblito nos encantaba como Erquy.

Dinard lo pasamos de largo porque salimos de Erquy más tarde de lo aconsejable, aunque agusto nos hubiéramos quedado aún más.

Saint_Malo

Saint Malo ha sido otra muy grata sorpresa, en su Intra Muros. Veníamos predispuestos a ver algo muy chic, muy Mónaco, Nice o similar. Pero es un lugar elegante, distinguido, muy bonito, muy tranquilo, por el que pasear sin prisa entre sus calles llenas de buenos comercios de todo tipo y de terrazas cubiertas en muchas de sus calles y plazas.
Dimos una vuelta entre las murallas y disfrutamos de las vistas de las playas y del Petit Bé y del Grand Bé, luego de una catedral con unas magníficas vidrieras y un deslumbrante rosetón.
Tras esta visita de Saint Malo Intra Muros, pensamos en comer, y en una de las calles, la Rue Jacques Cartier, pudimos elegir entre un buen número de restaurantes. Nos decidimos por La Taverne Bretonne, donde, tras unas buenas raciones de moules, a la crema y a la marinera, conocimos por fin las galettes, una especie de crêpes de trigo sarraceno que rellenan con todo lo que se les ocurre, y que resulta ser el plato más recurrido por los bretones, junto con las crêpes, en este caso para los postres.

Probadas las galettes y las crêpes ya conocidas, y utilizando la ya apreciada cidre bretonne, brut claro, nos dimos por satisfechos y volvimos a la autocaravana que habíamos aparcado en la calle que sale de la ciudad por donde está el Casino de Saint Malo.

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Cancale

Cancale nos decepcionó, seguramente sin motivo, pero lo hizo.
No permiten aparcar autocaravanas en todo el pueblo, y dirigen a todas ellas a un lugar muy apartado en un monte, de pago, poco o nada atractivo (tanto que entramos y salimos seguido, aunque el escaso tiempo trascurrido hizo que el ticket resultara gratuito) y muy lejano al centro o al puerto pesquero, que era donde nosotros queríamos ir por si se terciaba una nueva ración de ostras, ya que habíamos sabido que mariscadoras locales vendían sus ostras a 5€ la media docena! Desconocemos qué calidad y calibre tenían pero merecía la pena probar.
Tras recorrer el pueblo sin poder parar por las prohibiciones, decidimos continuar viaje, cargando con un enfado importante, hacia el camping del castillo previsto para la pernocta de hoy.

Chapelle_aux_Filtzméens

Chapelle aux Filtzméens, más en concreto el Domaine du Logis, nos recibe casi desierto y poco antes del cierre de la recepción, pero el encargado de la misma y el lugar lo compensan con creces. Las instalaciones son buenas y las parcelas también, así como los servicios de que disponen. Es un buen cámping, recomendable sin duda.
Nos instalamos, conectamos agua y luz, y ponemos a cargar todos los aparatos directos e indirectos de que disponemos.
Inducidos por el recuerdo de las galettes y las crêpes, preparamos en la cocina de la autocaravana un par de cada que degustamos con la sensación de estar a la altura de las comidas en Saint Malo este mediodía. Cabe decir que estas especialidades son poco elaboradas y por tanto fáciles de hacer.

2015/04/11
El objetivo de hoy es Mont Saint Michel, y, si es posible, Fougères, acabando con ello nuestro viaje por la entrañable Bretagne.

Mont_Saint_Michel

Mont Saint Michel, vaya por delante, pertenece a Normandía, por lo que quedaría fuera de este viaje a Bretaña, pero resulta que la frontera entre ambas es el río que desemboca en este promontorio rocoso situado en una isla mareal, amén de que los bretones dicen que pertenece a Bretaña.
Está unido al continente por un istmo, una pequeña banda de tierra firme que se cubre todos los días de agua tras las mareas que llegan a provocar variaciones de hasta 15m, como las habidas este mismo año. En ese momento, se convierte en isla. Cuando la marea está baja, la “playa” resultante es infinita, literalmente, y apenas puede divisarse en lontananza el mar, el Canal de la Mancha.
El centro neurálgico, en todos los aspectos, lo constituye la Abadía de Saint Michel, cuya historia es un conglomerado de cultos diversos.
Inicialmente, en tiempos de los celtas bretones, aquellos coetáneos de Astérix, el promontorio estaba dedicado a cultos de druidas, existiendo allí un gran megalito, y construyéndose después a su alrededor un cementerio.
Tiempo después, unos ermitaños se establecen allí, siendo abastecidos por el cura del actual pueblo de Beauvoir, entonces Astériac (curiosa similitud), que es el más cercano al promontorio.
La actual abadía tiene su origen en el s.VIII, destruida y reconstruida posteriormente, hasta la situación actual fortificada de comienzos del s.XIII tras las luchas entre bretones, ingleses y normandos.
Prácticamente se abandona y entra en ruina, hasta que en los inicios del s.XVII se reconstruye y vuelven las peregrinaciones.

A finales del s.XVIII, como consecuencia de la Revolución Francesa, los monjes benedictinos salen de la abadía, que se convierte en prisión para más de 300 sacerdotes.
Y a finales del XIX se cierra la prisión por decreto de Napoleón III, estableciéndose allí hoteles y otras dependencias determinando el comienzo de su esplendor actual como uno de los principales recursos turísticos de Francia, siendo el lugar más visitado con más de tres millones de personas por año.

El desplazamiento ayer tarde hasta el camping du Logis y el de esta mañana del camping hasta Mont Saint Michel, ha supuesto dar un rodeo excesivo en kilómetros y en tiempo, aunque el camping merece la pena.
Lo cierto es que comprobamos la existencia de un área de autocaravanas en Beauvoir, que es el pueblo más próximo a Mont Saint Michel, que está muy bien, tal y como demuestra su lleno. El área cuesta 12,5€ por noche y está muy bien ubicada.
Llegamos al enorme párking habilitado y vemos que cuesta 21€ sólo (es un sarcasmo) y que el asignado a las autocaravanas es, casualmente (es otro sarcasmo), el más alejado de todos ellos.
Desde el párking más cercano, tras andar un trecho, se puede coger un bus, gratuito, hasta casi (te dejan a unos 300m) la entrada al recinto amurallado. Estos buses llevan dos cabinas, una a cada extremo, para evitar tener que dar la vuelta.
El tiempo es muy bueno, es sábado, y la afluencia de gente es tremenda. Sólo pensar que en verano se llegan a superar las 20.000 visitas diarias….!!
Las cámaras de fotos arden por doquier. La visión a distancia del promontorio con su esbelta abadía, impresiona la primera vez. Verlo justo en el estuario del río hace pensar en los embates soportados, desde mar y desde tierra, a lo largo de tantos siglos, resistiendo orgulloso cualquier ataque. Amén, claro, de los continuados asedios guerreros.
La entrada en el recinto es emocionante, te arrastra a tiempos remotos. Las edificaciones mantienen un aire pretérito, si bien su sobreexplotación comercial desdibuja la imaginación: la única calle real que discurre desde el portón de entrada, antaño levadizo, hasta la abadía, está ahíta de tiendas, restaurantes y hoteles; no hay bajera libre. Y ahíta, cómo no, de gente.
Los pocos y, obviamente, pequeños hoteles son caros: habitaciones desde casi 200€, y suites por encima de los 500€. El lugar es extraordinario, también sus precios.
Los turistas descargan sus cámaras, y sus bolsillos en las tiendas y restaurantes. En uno de ellos volvemos a dar cuenta de las ricas galettes y de la muy rica sidra bretona, con crêpe de manzana flambeada al Calvados (sin palabras….). En Saint Malo, compramos dos botellas, nos queda una para el último día, mejor noche.
La ronda de guardia del recinto amurallado también está llena de turistas que tratan infructuosamente de llevarse consigo una parte, aunque sea pequeña, del lugar.
Los paisajes que se divisan desde las murallas son impresionantes: el mar se ha retirado al bajar la marea y apenas se vislumbra al fondo de una inmensa playa, ahora surcada por hileras de turistas con guía, antes invadida por las avasalladoras aguas del Canal de la Mancha.
Tras un agradable paseo, sin prisa, llegamos a la entrada de la abadía. Entrar en ella supone pagar 9€ por persona.
La visita merece la pena, la abadía está bien conservada, tiene infinidad de estancias acogedoras para la época y es realmente bonita e interesante. Pensar que los monjes siempre han sabido vivir bien, no es andar descaminado.
Todas las salas, el refectorio, el muy agradable claustro, y la especial y trascendente cripta de enormes columnas, no dejan indiferente. Realmente, la visita merece la pena.
En un momento del recorrido interno, en una terraza abierta a lontananza, con unas preciosas vistas, los turistas aprovechan para fotografiar también a gaviotas confiadas, y hambrientas, que permiten unos primeros planos jamás obtenibles en otros lugares.
Y, justo antes de terminar la visita, una personal y emocional sorpresa: la enorme rueda, de tracción monjil, con la que subían a través de la pared exterior, y mediante unos pequeños vagones, los víveres y demás abastecimientos necesarios.

Vienen a la memoria las imágenes de El Nombre de la Rosa, y tocan y retocan interiormente.
Compramos galletas bretonas, riquísimas de verdad, y unos recuerdos, y, subidos de nuevo en el bus de dos caras, desandamos el camino hasta nuestra casita móvil.

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Huelga decir, por obvio, que Mont Saint Michel era una de las estrellas, sino la estrella, de este viaje. Es un lugar que deja marca, difícil de perderse en el olvido.

Fougères

Fougères es el último lugar a visitar en este periplo por la Bretaña Romántica, que, desgraciadamente, toca a su fin, nos recibe al atardecer.
Tenemos la fortuna, y la sorpresa agradable, de disponer de un área de autocaravanas próxima al enorme castillo que domina la ciudad. Es algo extraordinario, no se da en sitio alguno; bueno en uno de cada …….
El Castillo es realmente enorme, es el de mayor tamaño de los visitables en Francia. Su estado deja mucho que desear.
Desde el S.X hasta la anexión de Bretaña a Francia, fue el principal baluarte defensivo bretón frente a los galos.
Una de las puertas de entrada, la de Notre Dame, próxima a la hermosa Iglesia de Saint Sulpice, que exhibe en su entorno una interesante colección de petroglifos, esconde, tras un salto de agua, un extraordinario molino de cuatro grandes ruedas.
Los alrededores del castillo invitan a un tranquilo y relajante paseo, libre de viandantes (los franceses se recogen muy pronto, y no se ven turistas por aquí).
Jardines, callejas, un riachuelo que surca el asentamiento antiguo y popular del lugar con sus típicas y entrañables casitas ensambladas, y, arriba en el alto, el más antiguo beffroi (campanario municipal, de madera, que simbolizaba la libertad comunal, y desde el que se hacían las diferentes llamadas al pueblo con sus toques de campanas) bretón existente.
La visión nocturna del enorme y tranquilizador castillo, desde nuestra autocaravana en el área, nos relaja y nos hace entender que este precioso y enriquecedor viaje por Bretaña ha llegado a su fin, dejándonos un especial y dulce regusto por haberlo vivido.

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Nos han quedado por el camino, sin visitar, lugares que hubieran mejorado el viaje, y que ojalá podamos disfrutar en un futuro. El tiempo disponible condiciona y obliga a economizar.

Volvemos, la realidad nos espera, qué le vamos a hacer!

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